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ALCOHOL: ¿Motor y finalidad del rock?

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Siempre se me ha llenado la boca cuando he defendido este estilo musical al que pertenezco en cuerpo y alma, cuando me atrevo a decir que mas que un estilo de música es una filosofía de vida, y os aseguro que esto que digo tiene mucho, muchísimo peso al defenderlo.

¿Es así?¿nos planteamos la base de la vida, sus costuras, la ética de la vida, sus enigmas, sus preguntas intrínsecas, su voluntad de vivir de forma alterna, de dar una visón mas compleja y plausible de nuestra sociedad y darle un plus de equidad, damos un prisma distinto a la dualidad de nuestra existencia y la religión, acaso nos planteamos el quid de la cuestión de la misma desde nuestro prisma? Sí, No, a veces, pero ha un vórtice común, un colector donde casi todos tropezamos.

El alcohol.

Y sí, ahora habrá quien deje de lado este articulo basándose en una intima repulsión a las lineas timoratas de la moralina, de la constricción que la sociedad «biempensante» nos quiere imponer a nuestro campo de libertad y de libertinaje, según lo quieras ver.

No, no voy por ahí. NO voy a dar respuestas, solo preguntas, y no espero respuestas. Para eso hay que tener una presencia humanística total, un refugio al que pocos llegan y saben dar un camino humanístico que alumbre nuestros pasos, pero sí quiero sembrar mis inquietudes en un terreno que espero no sea baldío.

Vivimos, eso no cabe duda al respecto, y en nuestro entorno, ya no como movimiento contracultura, en nuestro propio código empírico, tenemos una raíz común, y ese es el alcohol. Ya lo dijo Dios en las escrituras, peces y vino, parábola recurrente, pero a lo que me conmina es a entender que el estado ebrio, o el amigo común con nuestros antepasados convergen en un punto común, la fermentación de la uva, el cuidado del lúpulo, la constitución y sintetización de los licores que han supuesto un acompañante perenne al ser humano. Un punto exiguo a la religión que de forma mayoritaria nos rodea ya que del vino surge la sangre de Cristo, el cáliz sagrado que hace algo mas llevadero su devoción a diferencia de otras religiones mas astringentes.

Y hoy día, mas que nunca, somos pasajeros de un común entorno hostil, no menos agresivo que cuando las tribus primigenias, nuestros ancestros en la edad del cobre, alcanzaban el estado de éxtasis para hacer una comunión entre espíritus y tierra, una veneración entre dioses propicios para la caza donde las emulsiones etílicas, e incluso las ingestas de peyote y, o sustancias similares ayudaban a alcanzar estados alterados de la realidad y una comprensión del entorno netamente espiritual y espacial. No es algo desechable el entender que algunos genios, no pocos, han sido lo que son bajo las influencias de las sustancias mas diversas, como Freud y la cocaina, o el uso de la absenta de no pocos artistas pictóricos. Pero, como movimiento que cuestiona puntos del calibre de religiones, ¿Podemos dar una respuesta articulado a algo intrínseco de la humanidad, y hacerlo sin tener un punto de apoyo para expandir nuestra visión global y poder acceder a conceptos abstractos y éticos profundos? ¿debemos hacerlo?

Lo cierto es que nuestra sociedad, la sociedad rockera, sigue teniendo una base muy fuerte en este aspecto. Bares, que lugares, unen al pueblo, son centros de reunión, de jarana, y el pueblo del rock no es ajeno a esto. Icónica es la figura de Lemmy y el Jack Daniel’s, icónica es la figura del Heavy ochentero y la consabida imagen de nuestra silueta y su extrapolación, ese litro de cerveza, ese sesgo quinqui que no quita de cierta leyenda, de cierto olor de jerarquía cuando las nuevas hornada hablan de «música urbana»… hay hijos míos, cuan errados estáis.

La consecuente linea etílica ha impregnado cada uno de los pasos de muchísimos encuentra, de muchísimos trabajos, de muchísimos días, de aún mas noches, esas noches eternas llenas de confraternidad, música, hermandad y mucho, mucho Rock’N’Roll. Cuantas lineas de prosa han salido al compás del alcohol, de su mano han aflorado versos, se han recitado poemas de amor, y han fluido amores y no poco sexo y a su vez han retirado reticencias, han tapado timideces, y han encumbrado a personas que de un modo u otro jamas se habrían atrevido a dar el paso. ¿Puede haber música sin la presencia de una pequeña ayuda de algún estimulante, antes, durante o a posteriori??

Pero no hay paraíso sin infierno. El alcohol ha sido amigo, pero también enemigo. El alcohol como droga permisiva y socialmente aceptada es un amigo exigente y egoísta que siempre se alimenta de ti. Te usa, te posee, te anula, e incluso te mata si tu espíritu interno, esa alma eterna y ese carácter no esta forjado lo suficiente. Esa necesidad de poder afrontar el día a día, de su dureza gracias a la fragancia del alcohol es algo que sirve a la cúpula bohemia de la sociedad de tiempo ha, y al pueblo llano que somos legión, intra historia. Y se ha llevado a figura icónicas como Janis Joplin, como Thin Lizzy, como Bon Scott, genios musicales a los que el alcohol no dudó en reclamarles su reclamo, su tributo, un tributo tan terrible como impagable, ya que la vida es solo una. Y no solo a ellos, a genios cuyo talento como artistas son indiscutibles y el alcohol saco sus mas perversos y vainitas demonios como le paso a Edgard Allan Poe, por citar a uno solo.

¿Somos un destilado filosófico que necesita la embriaguez para pedir la revolución y la equidad social? ¿Seriamos iguales en un entorno de ley seca y de sobriedad, habrían salido nuestras mejores obras sin ese empuje que el alcohol sacó de dentro de nosotros? ¿Somos marionetas del poder al vernos patalear mientras no nos tenemos en pie? ¿Podemos dar una respuesta a las cuestiones de la sociedad a través de nuestras letras y nuestra música y convertirnos en él todo filosófico o musical que pide a gritos una sociedad ninguneada y cada vez más anodina y gris? ¿Estamos destinados al ninguneo sistemático mientras no se nos tome en serio, o realmente lo de filosofía de vida nos queda grande mientras nos relajamos en la barra del bar y hacemos amigos eternos que cuando baje la borrachera dejaran el edén para habitar en el hedor del día a día?

Teniendo en cuenta que el relevo generacional tiende netamente por otros estilos, que la industria musical solo nos ha mirado en momentos puntuales, que el pueblo del metal ha perdido su garra y su imponente presencia en las calles, ¿Solo nos queda celebrar nuestro hundimiento como movimiento al compás de la orquesta del Titanic mientras nos vamos hundiendo con una copa de Cabernet Sauvignon??

El alcohol ha acompañado a la humanidad en milenios, y siempre estará ahí. Su uso terapéutico nos sirve de bálsamos para ser mejores en nuestros ámbitos, nos sirve de pomada ante él día a día, pero su uso continuado nos mata, fisicamente, y su abuso, literalmente nos destruye.

¿Nos hace en su uso un pueblo menor? ¿Somos hijos de un dios menor al tener una raíz tan fuerte con las bebidas espirituosas? ¿Seriamos más incisos si nuestra visión no se enturbiara con su uso, o el entorno buenos rodea nos pide una fraternidad que solo puede salir de estas raíces?

¿Que somos como movimiento, algo efímero, algo intelectual, algo filosófico, o algo pasajero e influenciado por el arte empapado en fragancias etílicas?

Hoy, mas que nunca, no se espera nada de nosotros, pero hoy mas que nunca y viendo el percal que nos atenaza, somos el movimiento que mas raíces y mas preguntas podemos hacer a la sociedad, y no podemos ocultar que mucho de este impulso ha tenido que ver en el uso, desmedido, o no, de la cultura del alcohol.

Josean Zombie.

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